Cuéntame un cuento: Transgénicos para un mundo feliz

Papá pone una semillita en … de este modo comenzaría un trabajador de Monsanto a explicarle a su hijo alguna de estas dos cosas: cómo vino al mundo o cómo funciona su empresa. La segunda sería una forma suave, redonda y bonita (como la manzana de Blancanieves) de explicarle porqué está comiendo veneno.

Tal vez, este no sea un cuento totalmente macabro al puro estilo de los hermanos Grimm. Quizá no todo sean perjuicios. Antes de sacar conclusiones, no vendría mal comenzar la historia por el principio, ¿verdad?

Erase una vez…

,cuando los hombres aún no poseían laboratorios, que el ser humano comenzó a jugar a ser Dios. Descubrió el poder que escondido descansaba dentro de cualquier organismo vivo: Los Genes.

Poco a poco, con el método de prueba y error, un poquito de ayuda de Mendel y después de miles de cruces conseguimos modificar a nuestro antojo frutas, rosales, hasta incluso perros. No es que fuera lo más idóneo seguramente, pero por lo menos jugábamos al ritmo marcado por la Naturaleza, siempre con el azar por medio y dentro de una misma especie. Hasta que la bioingeniería llamó a nuestras puertas y nos ofreció los alimentos transgénicos.

 Transatlántico, transeúnte, transformer,… ¡Aquí está!

Transgénicos: son los alimentos a los cuales se les han añadido genes de otras plantas o animales. Esto permite obtener los resultados esperados de un modo rápido y eficaz, pudiendo pasar los genes deseados de una planta a otra, de un animal a una planta e incluso al revés.

…Suena a que estamos haciendo un puzzle colocando las piezas dónde más nos interesan, no dónde realmente van. Aunque puede que el puzzle nos quede bonito, ya que gracias a estas modificaciones podríamos tener:

  • Alimentos más nutritivos y apetitosos
  • Plantas que soporten fácilmente las sequías y  no tenga enfermedades
  • Plantas resistentes a las plagas y a pesticidas
  • Aumento en la producción y durabilidad del alimento
  • Alimentos medicinales.

Huy todo esto que buena pinta tiene…¡Espera!, no te frotes las manos tan rápido porque toda moneda tiene su cruz. Es verdad que, a simple vista, todo esto nos llevaría de cabeza hacia un mundo mejor: lleno de comida para todos y de gente feliz comiendo platos de acelgas con sabor a cerezas (el sueño de cualquier madre, y de cualquier hijo).

 Cada acción tiene su reacción.

Recuerda que gracias al batir de alas de una pequeña mariposa se puede preparar una buena. El cambio de un minúsculo gen podría afectar  a nuestra salud, al medio ambiente y hasta a la economía. Un jaque mate en toda regla.

¿Quién quiere alimentos que crean resistencia a los antibióticos, dan alergias (si contienen genes de uno que ya nos diera alergia previamente ), generan moléculas tóxicas o producen daños neurológicos y cardíacos?

¿A que no te apetece vivir en un mundo en el que solo haya tres tipos de plantas (sin biodiversidad), lleno de Super-malezas(debidas a la polinización cruzada con variedades silvestres) y con cultivos que se auto-fumiguen?

¿De verdad quieres tener que contarle a tus hijos que antes existían los pequeños agricultores (que no eran diminutos, sino que trabajaban poco terreno), que para conseguir semillas bastaba con usar parte de la cosecha anterior en lugar de ir a la empresa productora de simientes y que las multinacionales transgénicas no eran los reyes del mambo?

Siempre nos quedará Paris.
Como en la mayoría de los cuentos (modificados o no) el final nos tiene (o al menos debería) que dejar buen sabor de boca. Para desmantelarnos la moraleja ‘Con la comida no se juega’, llegan directamente del tubo de ensayo los alimentos intragénicos. Alimentos meta-mejorados pero con genes de su misma especie. Tal vez un rayito de esperanza sobre la bioingeniería.
Con los Transgénicos pasa como con las anchoas y la regaliz negra, no te pueden medio gustar. O estas en un bando o en el otro. Pero seguro que no te dejan indiferente. ¿Y tú de cual eres?
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3 comentarios:

  1. Pingback: Bitacoras.com

  2. Muchas gracias, me ha encantado. Me toca introducir un debate sobre transgénicos y me habéis dado una genial idea con lo del cuento.
    Parece que Birhuega me persigue (o yo más bien) porque ya van dos razones por la que quiero visitar: vuestro restaurante y el festival de la lavanda 😀

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